Energía musical
- diferenciahorariagmt
- 13 ago 2020
- 3 Min. de lectura
Esta pandemia ha despertado en nosotros algunas necesidades que, en un mundo “normal”, quizás no considerábamos tan básicas porque eran parte de nuestro día a día. La música es una de ellas.
La articulación de melodías y letras es, para mí, como un escape y un ecualizador de emociones. Mi playlist de “Favoritas” me acompaña siempre, y hoy, no es la excepción. Desde los días en los que brilla el sol, hasta en los de lluvia, siempre hay una canción que cantar.
¿Alguna vez entonaste a todo pulmón alguna canción que te haga desfogar lo que llevas dentro? Si la respuesta es no, te invito a hacerlo. Es terapéutico.
Vivir la música en soledad, es buenísimo; sin embargo, no hay sensación más increíble que corear las canciones de tu artista o grupo favorito en alguno de sus conciertos. Sí, rodeado de mucha gente que cante al unísono -cosa que no podemos hacer hoy. Esto me lleva a pensar en cuánto extraño ser parte de esa energía musical.
Si hay algo que no me he querido perder, además de viajar, es experimentar a través de la música. Concierto de alguno de mis artistas favoritos que hubiera en la ciudad en donde estaba, concierto al que iba. Y mi espectro, es bastante amplio, así que he gozado de muchos, casi incontables, recitales.
Estuve presente gritando en conciertos como Kiss, Morrisey, Linkin Park, Muse y Pearl Jam; pasando por Empire of the Sun, Incubus y Jack Johnson. Bailé como loca en Rawayana, Calle 13, Cafres, Macaco, Vicente García y Juan Luis Guerra; canté mucho en Jarabe de Palo, Vetusta Morla, LP, Monseiur Periné y Jorge Drexler. Salté sin parar en Kongos, Tiesto, Systema Solar, Orishas y Bomba Estéreo. Recargué energía de una manera increíble en Phoenix - es un concierto que jamás superaré.
Todos los conciertos son una experiencia y cada uno me trae lindos recuerdos. No hay concierto igual; siempre es diferente y enriquecedor. Por esta razón, he aprendido a no dejar para mañana un concierto al que puedes ir hoy. Igual, nunca es tarde: esa soy yo yendo al concierto de los Backstreet Boys a los 33 años antes de la pandemia.
Si lo tuyo no va por los conciertos, te doy algunas razones por las cuales debes ir alguna vez en tu vida:
Conocerás la propuesta musical real. No es lo mismo en Spotify o en YouTube que en vivo. Sobre el escenario reafirmas si tu grupo o artista te gusta mucho y te aseguras si conectas mejor.
La música te mueve y te invita a expresarte a través del baile y el canto sin miedo al qué dirán.
Tendrás mayor “derecho” a dar un feedback sobre la experiencia en un concierto.
Generarás un recuerdo basado en tu propia experiencia. No se vive si te lo cuentan.
La música es cultura y la cultura mueve el mundo.
Si te atreves a ir a conciertos de artistas o bandas que no conocías, ampliarás tus gustos y versatilidad. Es decir, educas a tu oído a escuchar más productos interesantes que son resultado de varias mezclas.
Es una experiencia más emocionante, desde la puesta en escena y decibeles, que escuchar tu playlist.
Intercambio de energía por parte del artista/grupo y los asistentes. Regresas increíblemente recargado de buena onda a tu casa.
Apoyarás al artista o al grupo y es una forma de agradecerle por su música.
¡Qué ganas de sumergirme en esa energía musical! Ir a un concierto es, sin duda, una necesidad para mi.

La foto la tomé yo.
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