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Del caos Miraflorino a la serenidad de Pinamar

  • Foto del escritor: diferenciahorariagmt
    diferenciahorariagmt
  • 12 sept 2020
  • 2 Min. de lectura

Alicia, al inicio de este blog, usó una frase para describirme: “citadina de corazón” y esto es muy cierto. Amo el caos, la gente, las luces, el smog, las bocinas y los planes caminando que te regala una gran ciudad. Siempre pensé que viviría en una ciudad yendo y viniendo

de un lado a otro, pero la vida cambia.


Por cosas de la vida, hoy vivo en un balneario del este del Uruguay. El único caos que puedes escuchar son los ladridos de los perros del vecino y a los loros, que se ponen de acuerdo para “hablar", por la mañana en los árboles que están en el patio de casa.


Esta vida, es bastante nueva para mi. A veces siento que extraño la cercanía de todo y un poco de caos pero, los días que puedo salir al jardín de casa a tomar el café por la mañana, recibiendo el sol en mi cara, me siento dichosa.


La pregunta es… ¿me acostumbraré a esta nueva vida? ¿La serenidad que me alberga será suficiente para que deje mis locas ganas de caos citadino?


Creo que todos en la vida pasamos por diferentes etapas. Cuando eres más joven, estar en la ciudad y llenarte de planes es algo que te encanta. Estar cerca de la “movida”, te da esa sensación de pertenecer al mundo. Además, las facilidades que te puede brindar vivir en una ciudad, son envidiables.


Conforme vamos creciendo, uno pierde el encanto de “estar en todas” y ya no te provoca salir tanto y prefieres los planes caseros. Los planes con amigos siguen siendo importantes, pero empiezas a disfrutar de tu espacio. Si ese espacio está alejado de la bulla, está a 500 metros del mar y está rodeado de naturaleza; suena al paraíso.


¿Será que me está gustando vivir en Pinamar? ¿Será que estoy envejeciendo? Intentaré tomar este cambio como una etapa diferente en mi vida. De todas formas, mi corazón citadino sigue latiendo fuerte.


Con este pequeño escrito, solo quiero recordarme y recordarles que está bueno aceptar el presente y disfrutar de las pequeñas cosas. A veces, la vida cambia y uno tiene que ser agradecido.


Cuando uno está lejos del día a día caótico, puede apreciar la belleza, ya no es la luces de los autos en un tráfico infernal, sino, de una noche estrellada o en el susurro del Río de la Plata mezclado con el mar.


La foto es de la playa donde vivo.


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